Una agenda demasiado llena, la casa, los hijos, el trabajo, las compras, los recados, los desplazamientos… un sinfín de obligaciones diarias nos saturan física y mentalmente. Llegamos a la noche rotos, sin energía, y hasta incluso malhumorados, y es que falta tiempo para uno mismo. 

Es importante buscar pequeños espacios a lo largo del día para poder relajarse. Momentos en los que se recargamos la energía, nos recuperamos, y bajamos el ritmo frenético, para que la jornada transcurra de una forma más saludable para nuestro organismo.

Esos momentos de pausa, no tienen que ser extensos, basta unos minutos o del tiempo que se disponga. Aprovechar un momento de espera antes de entrar a una reunión, en un descanso laboral, a la hora del almuerzo, o unos minutos antes de que salgan los hijos del colegio… Es tan sencillo como hacer tres respiraciones profundas, dejar la mente en blanco, no pensar en nada, seguir respirando suavemente, relajar la musculatura del cuerpo (no hace falta estar tumbado, sentado o de pie puede servir). Notar como se destensan poco a poco los músculos de la cara, los hombros, los brazos y la espalda. Si es posible, podemos cerrar unos minutos los ojos para ayudar a desconectar mejor.

Esos minutos de “parón” se pueden realizar siempre que tengamos un momento libre, o cuando notemos que estamos sobrepasados.

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