Durante el ayuno no se ingieren alimentos sólidos. La alimentación es exclusivamente liquida, y se basa en zumos de frutas y verduras, caldos e infusiones. De esta manera la energía que necesitamos no se obtiene tanto del exterior sino de nuestro interior, es decir que vamos a consumir los depósitos que tenemos acumulados, lo que repercutirá en una perdida de peso.

Esta pérdida puede oscilar entre unos 400 gr, en el caso de las mujeres, y de unos 500 gr en el de los hombres, peso aproximado por día.

También varía en función del peso que se tenga al iniciar el ayuno, es decir, una persona con un exceso de masa adelgazará más que otra cuyo peso sea correcto.

A lo largo del ayuno, la pérdida de peso no será constante. Durante los primeros días será mayor a causa de la eliminación de agua y de la obtención de energía de las proteínas e hidratos de carbono acumulados en el organismo. Pero a partir del segundo día de ayuno, el cuerpo obtiene la energía de la grasa y la pérdida de peso será menor pues ésta es más difícil de eliminar, pero el descenso de volumen igualmente será notable.

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