El ayuno es una excelente herramienta terapéutica que, además de desintoxicar y permitir una puesta a punto de los órganos del cuerpo, previene y favorece la curación de numerosas enfermedades. El ayuno, llamado el “mayor agente curativo natural conocido”, cura eliminando la fuente de la dolencia. Es decir, al permitir el reposo de los órganos del cuerpo y destinar su energía a la desintoxicación purifica el torrente sanguíneo. En otras palabras: elimina los elementos nocivos del sistema. Al no recibir alimentos, el organismo deja de “alimentar la enfermedad”.

El ayuno sana la mayoría de dolencias funcionales: afecciones dermatológicas y digestivas, alergias, asma, etc. Es efectivo también en la prevención de enfermedades cardiovasculares y muy recomendable en las llamadas enfermedades degenerativas crónicas, aquellas debidas a los malos hábitos en nuestro modo de vida. La práctica del ayuno restaura el estado de equilibrio de nuestro cuerpo, permitiendo el rejuvenecimiento celular, acabando con tumores y depósitos sobrantes y reequilibrando el tracto intestinal.

Con el cese de la ingestión de comida, estas disfunciones se someten a los mecanismos internos de curación que el organismo pone en marcha automáticamente. El cuerpo es muy sabio y, con el ayuno, le ponemos en las condiciones ideales para que despliegue todo su potencial sanador. Esta práctica, además, tiene la ventaja de acortar los tiempos de recuperación, a diferencia de métodos tradicionales como los fármacos o las intervenciones quirúrgicas, que acarrean daños colaterales debido a su invasividad.

Hay que puntualizar que el proceso curativo no suele tener lugar hasta después de haber llevado a cabo el ayuno, y sus efectos dependen de cada persona y de la dolencia y su gravedad.

Las enfermedades que el ayuno puede tratar son:

  • Cardiovasculares: cardiopatías, hipertensión arterial, cefalea.
  • Digestivas: estreñimiento, dispepsias, patologías de colon, hepatopatías, enfermedad de Crohn, úlceras, inflamaciones.
  • Sobrealimentación: fomenta el aprendizaje y el cambio de hábitos a largo plazo.
  • Locomotrices: artrosis, artritis, fibromialgias, tendinopatías.
  • Respiratorias: alergias respiratorias, asma, bronquitis crónica, sinusitis crónica, rinitis alérgica, apnea de sueño, síndromes pos-inflamatorios.
  • Dermatológicas: alergias, psoriasis, eczemas, acné.
  • Psicosomáticas: depresiones leves, estrés, decaimiento, nerviosismo, hiperactividad, trastornos del sueño.
  • Metabólicas: sobrepeso abdominal, hipertensión arterial, dislipemia, diabetes tipo 2.
  • Adicciones: tabaquismo, alcoholismo, y otras drogodependencias.

Si sufres de alguna enfermedad recurrente o crónica no dudes en realizar una consulta con nuestros expertos en ayuno, salud, y nutrición.